Ruta del Agua

Ruta de los aljibes:

Mirador de San Cristóbal – aljibe de San Cristóbal – aljibe de San Bartolomé – calle Panaderos (aljibe de Polo) – aljibe de la plaza del Salvador – aljibe de las Tomasas – aljibe de Bilbabonud – aljibe de San Nicolás – aljibe de la Gitana – aljibe del Rey – aljibe de San Miguel Bajo – aljibe del Zenete

Si hay un elemento fundamental dentro de la cultura musulmana ese es el agua; esta posee una fuerte carga religiosa que incide directamente en la convivencia diaria de la sociedad y tiene un uso sagrado y social. La abundancia de esta en Granada permitirá un aprovechamiento integral de los espacios dedicados a la agricultura de regadío dando un paisaje de huertas que caracterizarán a toda la vega granadina, obteniendo un rico espacio cultivado resultado de un proceso histórico concreto en el que los árabes y la cultura árabe son los herederos de los sistemas hidráulicos romanos, adaptándolos y creando nuevas formas que permitieron una mejor irrigación y aprovechamiento de los campos, y de abastecimiento de agua en las ciudades, ejemplo de esto último es la compleja y eficaz red hidráulica que conservamos en el barrio del Albaicín. La elección de la Alcazaba Antigua (Ilíberis romana, Eliberri visigoda, Hisn Garnáta árabe) como centro urbano no sólo fue por su estratégica situación sino por la posibilidad de abastecimiento de agua procedente de tres ríos: Darro, Genil y Beiro. La medina se sitúa en una zona más alta que la de los ríos por tanto en época Zirí {siglo XI) se comenzará a crear una gran infraestructura hidráulica capaz de abastecer a gran parte de la ciudad. Se van a construir tres importante acequias: la de Aynadamar, que arranca en la fuente de Alfacar y garantizaba el suministro de agua en la zona norte; la acequia del Cadi y la acequia Gorda, cuyas aguas se tomaban de la zona alta del río Genil y abastecían la zona sur y este de la Medina. En época posterior se abrieron las acequias del Darro: la de San Juan y la de Santa Ana, que darán agua al barrio de los Axares y de la Churra. Tras la conquista, en época cristiana, no va a ver ninguna modificación en la red hidráulica, esta se seguirá utilizando y seré regulada.

Nuestra ruta se va a centrar en la acequia de Aynadamar –cuya traducción al castellano significa fuente de lágrimas– que suministraba de agua al Albaicín, que en tiempos nazaríes estuvo dividido principalmente en el arrabal del Albaicín y el barrio de la Alcazaba Qadima (antigua). Su origen y arraque se encuentra en el manantial situado en Alfacar, hoy denominado Fuente Grande. Después de un largo recorrido por las tierras de Alfacar y Víznar, la acequia entraba al Albaicín por el Fargue. Pero antes de hacerlo derivaba un ramal para regar los famosos cármenes y almunias ubicados en las actuales zonas de Cartuja y Almanjáyar. La acequia seguía un recorrido paralelo a la carretera de Murcia hasta llegar al estanque o deposito del Manflor, localizado cerca del actual callejón de Aynadamar pero oculto por el acutal asfalto. Antes de alcanzarlo, volvía a desprenderse de agua a través de otro ramal que bajaba por el camino de San Antonio para abastecer a la zona del Triunfo. Una vez en el depósito la acequia se partía en dos ramales, que entraban al Albaicín –el principal– por el actual callejón de la Alberzana, cubriéndose con losas de piedra; y el otro, mediante mina subterránea, por la Puerta de Fajalauza, para bajar, nuevamente convertida en acequia, por las actuales placeta de Cruz de Piedra, calle San Luis y Placeta de Albaida (donde llenaba otro aljibe hoy desaparecido), hasta llegar –una vez llenado el aljibe del Peso de la Harina–,a las casas y huertas del Chapiz, donde terminaba.

A través de las diferentes derivaciones en azacayas, atanores y arcaduces que estos dos ramales producían, se abastecía a toda la población. En tiempos nazaríes la mayor parte de las canalizaciones de acequias que discurrían por el interior de ciudad lo hacían a cielo descubierto, excepto en las zonas de mayor tránsito, como plazas, zocos o calles principales; comenzaron a cubrirse a principios del siglo XVI. En la zona alta de los dos ramales encontraremos tomaderos o cauchiles particulares para los cármenes que se encuentran en la zona, al igual que encontramos otros tomaderos particulares en la puerta de la iglesia de San Gregorio, en las casa del Chapiz y Carmen de la Victoria. Desde la casa de los Mascarones, cercana a la plaza Aliatar, parte un ramal secundario hasta los aljibes de San Bartolomé y de San Cristóbal cruzando toda la calle del Agua donde se encuentran los cauchiles o conducciones que repartían el agua a otros aljibes, casas de la zona y los más importantes baños del arrabal.

El aljibe es el lugar de almacenamiento de aguas al igual que la cisternas romanas, diferenciándose de estas en su tipología y tamaño. Los que hoy se conservan en su mayoría son públicos, pues los privados pertenecieron a casas nobiliarias o palacios. Importante es destacar la relación de aljibe-mezquita ya que una de las principales exigencias de la religión musulmana es la realización de las abluciones (limpieza del cuerpo) antes del rezo en las mezquitas, por tanto encontraremos aljibes en los patios asegurándose así una reserva permanente de agua. A nivel de simbología esto también será utilizado en el mundo cristiano tras la conquista como fórmula de aculturación: no sólo se alzarán las iglesias sobre las mezquitas como símbolo de poder sino que en muchas ocasiones la pila bautismal se situará sobre los aljibes de donde surge la nueva agua purificadora.

La tipología de los aljibes será variada; tendrán una o varias naves y diferentes tipos de bóveda dependiendo de su capacidad. La más utilizada es la medio cañón de perfil semicircular, construidos en su mayoría con ladrillo, y el resto de la estructura en argamasa (en algunos casos se utilizan ambos materiales). La solería suele ser de barro cocido, aunque hay algunos casos en los que el suelo es de «hormigón». Para evitar impurezas se colocaban unos filtros en la desembocadura del depósito que se limpiaban periódicamente y para obtener el agua de su interior se utiliza el acetre, una especie de cubo que se sacaba mediante cuerda que resbalaba por la única pieza de mármol que tenía el aljibe situada en la apertura de este. Los interiores no van a estar decorados al tratarse de edificaciones totalmente funcionales. La decoración la encontraremos en las portadas, siendo muy pocas las que quedan originales.

El Aljibe de San Cristóbal, junto la iglesia de mismo nombre que ocupa el lugar de la antigua mezquita de la Saria, es el último gran depósito de la acequia de Aynadamar por esta zona del barrio del Albaicín, construido por debajo del nivel de la calle permitiendo la llegada del agua por su propia gravedad. El Aljibe de San Bartolomé está situado bajo la capilla bautismal de la iglesia del mismo nombre. El Aljibe de Polo se encuentra en el centro del primitivo núcleo del arrabal y destaca por su falta de simetría interna. El de la Plaza del Salvador, junto al inicio de la Cuesta del Chapiz, su exterior nos permite ver el trasdós de las bóvedas. En cuanto al Aljibe de las Tomasas, en el callejón del mismo nombre, se trata de uno de los aljibes de mayor dimensión; es casi cuadrado y posee cuatro grandes pilares. El Aljibe de San Nicolás en la plaza homónima, su planta es casi cuadrada y lo cubre una bóveda de medio cañón; su portada es de aspecto barroco. El Aljibe de la Gitana, que se cree que esta bajo el Carmen de La Muralla. El Aljibe del Rey está situado en la zona donde se encontraban los palacios de los sultanes ziríes. El Aljibe de San Miguel Bajo tiene su portada adosada a la fachada oeste de la iglesia del mismo nombre. Y el Aljibe del Zenete, remodelado en el s. XVI, esta situado en una zona conocida popularmente por «las Pitas», y su construcción fue realizada para obtener una mayor capacidad.